Segunda neoplasia despues de tratamiento con yodo radiactivo para cancer de tiroides.

El yodo radiactivo se usa para tratar a muchos pacientes con cáncer de tiroides después de la extirpacion quirurgica de la tiroides. Algunos estudios han sugerido que los pacientes que reciben tratamiento con yodo radioactivo pueden tener mayor riesgo de desarrollar un segundo cáncer primario. Este estudio utilizó una gran base de datos para ver si el tratamiento con yodo radiactivo para el cáncer de tiroides aumenta el riesgo de que nuevos cánceres se desarrollen más tarde.

Los autores examinaron una base de datos del Instituto Nacional del Cáncer con el fin de ver si un segundo cáncer primario fue más frecuente en los pacientes con cáncer de tiroides que recibieron yodo radioactivo que en los pacientes con cáncer de tiroides que no reciben tratamiento con yodo radiactivo.

Los investigadores encontraron que hubo un aumento del 18% de cánceres secundarios en pacientes que recibieron yodo radioactivo, con un riesgo significativamente elevado de cáncer de las glándulas salivales (casi cuatro veces más en este tipo de cáncer poco común), los riñones (un aumento de 2,5 veces ) y leucemia (dos veces más), siendo este último el más alto en pacientes menores de 45 años

El presente estudio se une a varios otros en la demostración de un aumento en la incidencia de segundos cánceres que ocurren en pacientes con cáncer de tiroides que reciben tratamiento con yodo radiactivo. El incremento absoluto en estos tipos de cáncer es en realidad pequeño, ya que el riesgo general de las glándulas salivales y tumores en los riñones, así como la leucemia, es muy bajo. En el pasado, la mayoría de los pacientes con cáncer de tiroides también eran tratados con yodo radioactivo. 

Recientemente, este enfoque ha ido cambiando y los pacientes de bajo riesgo son ahora a menudo tratados unicamente con cirugía. Este estudio se suma a la evidencia disponible que apoya la idea de no tratar a pacientes de cancer de tiroides de bajo riesgo con yodo radiactivo.

FUENTE: Cancer. Vol.117.Issue 19. p 4439-4446. October 2011.

Imagen: Wikimedia Commons.

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